
Todo comenzó con una pintura. Tomé la fotografía de ese cuadro y con IA empece a trabajar la imagen. Repitiendo y precisando mis indicaciones , poco a poco, Lady Rosa empezó a emerger. No fue algo inmediato; primero tuve que definir quién era este personaje, escribir su historia y darle un propósito.
La parte más difícil fue el doble anclaje. Por un lado, el anclaje técnico: lograr que la inteligencia artificial no transformara su figura ni su vestuario en cada escena. Por otro, el anclaje de su actitud, su filosofía como personaje: mantener esa esencia fresca, desenfadada y libre.
Pero sucedió algo fascinante: el personaje empezó a pedirme más. Yo creaba muchas imágenes, y en ese proceso de búsqueda, era ella la que parecía decantarse, la que me pedía ser de una forma y no de otra. Yo la imaginaba, y ella se manifestaba.
Tras semanas de trabajo intenso, establecí sus límites: quería una figura que habitara el espacio con naturalidad, con el cabello largo y rizado de color rosa, moviéndose, disfrutando de su cuerpo redondo y curvilíneo. Así nació Lady Rosa.