Author: Milagros Leppe

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    Todo comenzó con una pintura. Tomé la fotografía de ese cuadro y fui repitiendo, insistiendo, precisando mis indicaciones hasta que, poco a poco, Lady Rosa empezó a emerger. No fue algo inmediato; primero tuve que definir quién era este personaje, escribir su historia y darle un propósito.

    La parte más difícil fue el doble anclaje. Por un lado, el anclaje técnico: lograr que la inteligencia artificial no transformara su figura ni su vestuario en cada escena. Por otro, el anclaje de su actitud, su filosofía como personaje: mantener esa esencia fresca, desenfadada y libre.

    Pero sucedió algo fascinante: el personaje empezó a pedirme más. Yo creaba cientos de imágenes, y en ese proceso de búsqueda, era ella la que parecía decantarse, la que me pedía ser de una forma y no de otra. Yo la imaginaba, pero ella también me guiaba.

    Tras semanas de trabajo intenso, establecí sus límites: quería una figura que habitara el espacio con naturalidad, con el cabello al aire, moviéndose, riendo y disfrutando de su cuerpo. Su nombre, claro, viene de su esencia rosa.

    He experimentado con ella en muchos escenarios, pero a veces sentía que ciertas versiones la alejaban de lo que ella misma me pedía ser. La Lady Rosa que he construido es una figura que disfruta el movimiento; y aunque ya la tengo lista para lucir de fiesta, siento que todavía no es el momento. Ya llegará su oportunidad.

    Por ahora, ella simplemente está aquí para vivir. Para habitar el mundo, para moverse y para ser. Y eso es lo que la hace, ante mis ojos, completamente real